Cuando pasamos el día de Reyes en un hospital


DE CUANDO PASAMOS EL DÍA DE REYES EN UN HOSPITAl

Lunes, 4 de enero de 2016, se despierta mi hija a eso de las 8.30.
Después de dejarle, por sospechas, una botella de agua de dos litros durante la noche, por la mañana solo queda un cuarto. Le pregunto cuantas veces había ido al baño durante la noche, me contesta que 4 veces.

Buf, buf y buf.

Presiento que la cosa no va bien, algo malo, algo que no nos va a gustar.
Con información en la mano vamos camino a Gym Kelly 48 donde recibe clases de baile, antes de entrar a clase, le digo a Maru Padilla Peña (profesora) que llevo a Iko a la farmacia a hacerle una prueba de glucosa, bufffffffff.
El farmacéutico, un viejito entrañable de la farmacia del barrio, me mira con cara triste y me dice esto poniéndome en la cara un papel con la lectura: «Buff, no pases por el ambulatorio, directo al Hospital Materno Infantil (386glucemia). Ese «Buff» es como si te pegaran un martillazo seco en el cráneo y te matara.

Iko me pregunta «que pasa», le digo que «nada», «quiero ir a baile», «no puedes, vamos al hospital», «porque, yo estoy bien», «sube al coche»…
Llegamos al Hospital Materno Infantil y le pego a la enfermera el 386 en la cara, ella tras repetir la prueba me devuelve un 410 en otra prueba de glucemia, 410 es un buff más grande aún, me mira y me dice «vamos a hacerle una prueba de acetona en sangre», «eso que es», «ya te lo explica el médico», «no no, eso que es», «pase a la sala y ya te lo explica el médico». La prueba de acetona sale con valores correctos.

Quiero irme a mi casa pensando que es algo puntual, o de paso, pero me temo que no, que nos ha tocado la china.
Meten a Iko en una cama, le abren una via y le ponen insulina, ya se que tiene diabetes, lo sé por Gustavo Castellano o por algo que he leído por ahí de casualidad, pero no me lo quiero creer.

Estoy acojonado!!!!

Después de que enfermeras y médicos gastaran bromas a Iko y a mi preparo el otro lado del cráneo para llevarme el segundo martillazo.
Aparece en escena el Dr. Novoa, un tipo joven canario que más adelante te enteras que es una eminencia en esto de la diabetes, me remata con un 482. 🙁
«Buenos días», «buenos días», «¿sabes porqué Iko está aquí?», «sí, es diabetica, ¿eso no se quita?» NO (el segundo martillazo, más seco y doloroso).
No hago nada, solo miro para el, no miro a Iko porque se que si lo hago la cago, intentas darle normalidad al asunto.

Mi ojo izquierdo empieza a lagrimear, Novoa me reconforta con frases que no entiendo, «hay astronautas diabéticos, jardineros, músicos… ella llevará una vida normal, comerá como debe comer una niño y un adulto… la educadora de diabetes se pondrá en contacto con ustedes» (me importa un huevo lo que me estás diciendo…)
Mi siguiente pregunta «¿podremos irnos hoy a casa?», sonríe, «no, van a estar aquí de 6 a 8 días, van a tener que aprender a comer, a pincharse insulina, a como funciona el sistema del páncreas…».
¿Páncreas?
Después de esto a Iko la preparan para subirla a una habitación a la planta 4, allí los torrentes de información son bestiales, «necesito llamar a alguien no puedo con tanto dato».
Reconozco que el lunes quería morirme pero el martes ya no teníamos casi restos de lo que había pasado, acción-reacción. «Familiaaaaa, a partir de ahora todos tenemos diabetes!!!!!!!» y así fue…

Efectivamente, pasamos muchos días allí, Iko pudo saludar a sus majestades los Reyes Magos en persona cuando fueron al hospital.

En honor a la verdad ha pasado un año y a mi me parecen 30, por la intensidad que lo he vivido para que nada se te escape, para que todo esté lo más controlado posible, por que a las 3.00 de la madrugada que es cuando tienes que hacer la última medición de la noche le coges hasta cariño, porque te conviertes en endocrino, nutrólogo, en páncreas… porque salimos reforzados de toda esta situación y porque piensas, ya que nos tocó esto tiramos palante y se acabó.

Aprendes… que la familia lo es todo, que ser positivo te saca de muchos marrones, que los niños son más fuertes de lo que pensamos y que nos dan lecciones difíciles de olvidar, que aparecen personas por el camino que no conoces, que se preocupan y se ofrecen para ayudar, otras que te conocen de mucho tiempo y ni un whatsapp.

Os quiero.. y mi última frase: Que los Reyes Magos le traigan muchos regalos pero sobre todo, salud. 🙂

Jose Mendoza

Esta entrada fue publicada en Varios. Guarda el enlace permanente.