La vecina del barrio

Llevo muchas noches sin dormir, no se me va de cabeza esa chica, vecina del barrio, con quien vengo coincidiendo en la panadería desde que empecé el curso. Sus ojos de un marrón claro pasarían por ser normales, vulgares, si no fuera por ese brillo, que cuando te miran, cuando me miran, aunque sea de pasada y sin interés aparente, hacen que me estremezca por dentro y mi cabeza se llene de risas y lágrimas al mismo tiempo.

Cada mañana que la casualidad me regala coincidir con ella delante de las barras de pan, de los croissants y de las magdalenas recién hechas, hace que el resto del día camine más ligero, como sin peso. Que me sienta optimista, positivo y que una magia negra o blanca, me da igual, me mantenga lúcido y sereno a la vez. Y lo más curioso, hasta mis glucemias salen de cine. Estoy seguro de que la próxima glicada saldrá de matrícula de honor…

Carlos Crespo Navarra, 2014

 

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